Nau F de Fabra i Coats
Frente al panorama actual de la crisis climática global, las nuevas construcciones requieren ser planificadas de manera colaborativa y cuidadosa para enfrentar los desafíos y retos sostenibles emergentes. Por esta razón, la rehabilitación progresiva de edificaciones existentes adquiere una relevancia cada vez mayor, ya que ofrece un notable potencial para reducir el consumo de energía y las emisiones de CO2 del sector de la construcción.
La rehabilitación es más que nada hacer habitable aquello que no lo es para los estándares actuales. Por lo tanto, cuando pensamos en la aplicación de los conceptos de sostenibilidad en el proceso rehabilitador, nos surgen aspectos como: la reutilización de los materiales locales, la incorporación de sistemas y materiales innovadores compatibles. Todos estos puntos logran al final el confort térmico, acústico, la eficiencia energética basados en la capacidad pasiva de su construcción y sobre todo una mejor calidad de vida para quien utiliza los edificios.
Estos aspectos, entre otros, se evidencian de manera clara y exitosa, en el proyecto de Rehabilitación del futuro Centre d’Interpretació del Treball, ubicado en el histórico recinto fabril Fabra i Coats, promovido por la dirección del Museu d’Història de Barcelona (MUHBA). Recientemente hemos tenido el placer de realizar una visita guiada por Gemma Serch, socia del estudio Matters arquitectura, co-autora del proyecto junto con Ramón Valls y Patricia Tamayo, que nos mostró las intenciones que se esconden detrás de cada detalle de la obra.
Durante la visita hemos podido observar que los arquitectos han entendido el edificio como un banco de materiales. Como bien expresó Gemma Serch: “Si el material no sale de la obra, no se puede considerar como residuo”. Es decir que, muchos elementos fueron desmontados, limpiados y reparados. Con ello se ha podido alargar su vida útil y a través de mejores estrategias de diseños, más eficientes, lograron reducir la cantidad de materiales, gastos energéticos y emisiones a la obra.
El proyecto está muy alineado con el concepto de circularidad en diversos puntos, y por lo tanto se convierte en un almacén de materiales in situ.
Se realizó el desmontaje de la cubierta a dos aguas original, incluyendo las tejas y las vigas de madera existentes. Cada elemento fue enumerado, limpiado y reparado antes de ser reinstalado en su ubicación original, pero con la implementación de un nuevo sistema: una cubierta ventilada. Este sistema desempeña un papel fundamental en el aislamiento térmico del edificio, sobre todo en verano, reduciendo significativamente la necesidad de sistemas activos de climatización. Como resultado, únicamente se requieren sistemas de climatización en tres salas de todo el conjunto.
En el caso de las ventanas, se mantuvo la mayoría de las existentes, aunque se reemplazó el tipo de vidrio para mejorar la eficiencia energética y el control climático. Además, se instaló un sistema electrónico que permite la apertura automática de las ventanas superiores, facilitando así la ventilación del efecto chimenea en el verano.
Para acomodar las nuevas instalaciones necesarias, fue necesario crear canales en el suelo y recolocar algunas baldosas en ciertas áreas. No obstante, la gran mayoría de estas baldosas fueron limpiadas y reutilizadas, incluyendo aquellas que presentaban grietas o roturas.
Para concluir, este proyecto merece reconocimiento por su enfoque exitoso en términos de sostenibilidad y rehabilitación. Los arquitectos desafían la lógica lineal tradicional de construcción (extracción > fabricación > uso > residuo) al considerar lo existente como el punto de partida para la innovación. Esta visión fusiona habilidades artesanales con sistemas innovadores, mostrando claramente la convergencia entre lo antiguo y lo nuevo, y demostrando que la historia es un proceso continuo y colaborativo. Por lo tanto, el proyecto va más allá de comprometerse únicamente con la sostenibilidad, logrando una integración ejemplar entre la historia y la innovación.