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En algún momento dejaremos de crecer… pero cómo?

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  • arquitectura , cambio climático , sostenibilidad
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  • sostenibilidad urbanismo

El año pasado China perdió 1 millón de habitantes. Y en la India la población ya no crece: tiene una tasa de natalidad de 2.1 por pareja, lo cual representa la estabilidad demográfica, igual que en México. Y en Europa, si no fuera por la llegada de inmigrantes de otros continentes, también tendríamos un descenso de la población. Las causas de estas tendencias demográficas son en general positivas: mayor prosperidad, mejor educación, mayor empoderamiento de la mujer… son fenómenos de los cuales podemos estar contentos que suceden. Pero es verdad que por otro lado, a las sociedades les cuesta adaptarse a este decrecimiento de la población, porque comporta un envejecimiento con las consecuencias económicas que conocemos: menos personas jóvenes  activas económicamente tienen que generar los recursos para un mayor número de jubilados. Suponemos que habrá un momento, en un futuro no tal lejano, que los países más prosperas sabrán aprovechar el potencial humano de los inmigrantes para compensar este falta de población en activa nacional, gestionando la integración de extranjeros de manera más humana y más ágil de lo que hacemos ahora.

Pero aun así: es innegable la tendencia a largo plazo (… aunque tampoco es tan largo, hablamos de unos 55/60 años), que indica que nos estamos acercando al momento que el total de la población mundial llegará a su tope, que se prevé en unos 10 billones de habitantes. Y a partir de allí habrá un descenso a escala global, en el cual ya no se podrán compensar descensos locales con flujos migratorios provenientes de otras regiones. Es entonces, cuando la especie humana empezará a decrecer, que tendremos que tener en marcha un modelo económico que no solo puede existir gracias a un crecimiento continuo de consumo de recursos, tal como lo tenemos ahora.

En el fantástico informe Limits to Growth del año 1972 Donella Meadows utilizaba ya el parámetro de la demografía como uno de los principales determinantes a la hora de definir los límites que nuestro planeta podrá soportar. Como especie parece contranatural asumir nuestro propio declive como algo positivo. Pero visto las consecuencias medioambientales de nuestra presencia en la faz de la tierra, tal vez tendríamos que aprender que se trata de una elección entre supervivencia mediante declive por un lado o extinción por otro. La gráfica que enseñamos tal vez representa más un alivio que un desastre. A ver cómo lo extrapolamos al urbanismo y a la arquitectura…