Viene el bosque
En B01 nos gusta la arquitectura de madera y hemos informado sobre la construcción en madera en España en varias ocasiones: sobre los imprevistos, sobre su aplicación en vivienda social, sobre la industria… Ahora bien, la gestión de los bosques se engloba dentro de un contexto que va mucho más allá de la madera como material de construcción. Es un tema que ahora en Europa ya coge una dimensión social y política de envergadura porque la gestión del territorio forestal incide en la economía agrícola y en el trabajo de la población de las zonas rurales, donde demográficamente hay decrecimiento y donde se está instalando la impresión de que la sociedad en general está inconsciente de lo que pasa allí. Así llegamos a situaciones extrañas, como que en España la relación de la gente con la naturaleza parece cada vez más distante, mientras que la masa forestal va creciendo.
La transición ecológica debe tener en cuenta todo el mundo, tanto los que viven en las ciudades como los que viven en los pueblos y en el campo. Una sana y sensata relación del ser humano con la naturaleza no se puede concebir sin reconocer el papel de aquellas personas que trabajan con los árboles y con las plantas, sea en la industria o en la agricultura. Es evidente que existe una desconexión entre, por un lado, la visión de los centros de poder económico-social y, por otro, lo que se percibe desde el campo.
Es obvio que mucha gente ha perdido una consciencia sobre las dinámicas que rigen la naturaleza, porque ya desde que sr. Descartes nos iluminó con sus escritos, vivimos con la idea que el ser humano ocupa en este planeta un lugar singular, que nos pone aparte de todos los otros seres vivos, animales y plantas, y que la naturaleza es algo que tenemos que controlar. Con este objetivo, el del control, fertilizamos el suelo y matamos los insectos que hay en los campos de producción alimentario. La cantidad de nitrógeno e insecticidas que hemos dispersado en el mundo occidental es muy preocupante y la calidad del suelo es uno de los límites planetarios en peligro que se han acusado en el informe Rockström. Aunque Rachel Carson ya escribió sobre esto es su fantástico libro Silent Spring en los años ’60, solo hace poco estamos desarrollando políticas serías para afrontar las consecuencias de aquellos comportamientos, en defensa de la biodiversidad.
Ahora bien, queremos ser optimistas, y vemos que más y más gente se da cuenta que habrá que buscar una nueva simbiosis entre lo humano y lo natural. Un interés y una comprensión de cómo funcionan los bosques y el campo es un primer paso para reforzar esta relación, que de paso también ayudaría a un mejor entendimiento entre la gente del campo y de la ciudad.