Agua y arquitectura sostenible · normativa para una piscina exterior
Es bastante obvio que para la arquitectura sostenible de la nueva piscina exterior del Balneario Vichy Catalan en Caldes de Malavella hemos tenido que pensar seriamente en el tema del ciclo de agua y sobre como se gestiona su uso en semejante contexto. Con un cliente como este puede parecer hasta redundante… pero nos ha parecido francamente interesante por varias razones.
Antes de todo estábamos muy de acuerdo con la actitud ahorrador de la propiedad, quien nos dijo al inicio del proyecto que la reforma de la piscina tenía que contemplar un volumen de agua muy reducido comparado con la situación inicial, dejando la profundidad máxima a 1.20m. Esto significaba una reducción de unos 60% del volumen, lo cual implicaría menos evaporación, menos perdidas al momento de vaciar el vaso y en general menos consumo de agua.
(Al mismo tiempo, como se quería climatizar la piscina para poder utilizar la también en primavera y otoño, un menor volumen de agua significaba también menos consumo de energía… renovable…. suena muy interesante, sí…, pero sobre esto hablaremos en otro post. Concentremos nos hoy en el tema del agua!)
Trabajando en el municipio de Caldes de Malavella teníamos que cumplir con una normativa municipal sobre el ahorro del agua para obras de nueva construcción y reformas. Se trata de una normativa que seguramente ha servido mucho para reducir el impacto del consumo de agua en la urbanización de casas unifamiliares que se ha construido alrededor del PGA, el terreno de golf y donde hay multitud de piscinas privadas. Se exige para estos casos que las aguas pluviales que se recogen en cubiertas y superficies pavimentadas sean conducidos a un deposito para utilizar lo mas tarde para el riego de jardines o para el relleno de dichas piscinas. Una iniciativa municipal con mucho sentido en el aspecto del urbanismo sostenible y absolutamente loable.
De toda manera nos encontrábamos con dudas a la hora de aplicar-la de manera directa en nuestro caso específico. Porque según los cálculos que hicimos tendríamos que crear un depósito de aguas pluviales de unos 12m2, el cual tendrían que hacer se enterrado y esto significaría una excavación de casi 20m2 y el uso de un considerable volumen de hormigón armado. Espacio para hacer todo esto lo había, porque nos encontrábamos en el jardín del hotel, que es una gran zona verde de 2 hectáreas pero nuestra duda era si llevar el agua a un depósito enterrado seria lo más ecológico que se podría hacer.
De hecho preferimos construir ningún depósito y se nos ocurrió recurrir a dos canales naturales que ya existían en el jardín, para almacenar allí el agua de lluvia. Su volumen de recaptación era mucho más grande que el depósito exigido por la normativa y en este caso habría unos depósitos permeables que dejarían que el agua penetrará al subsuelo. Serían depósitos abiertas, al alcance de animales como reptiles, pájaros e insectos; y serían unos no requerían hormigón ni instalaciones y mecanismos de bombeo y filtraje para funcionar.
Y de alguna manera simultáneamente daría, tal como la normativa pretendía, también la posibilidad de utilizar el agua almacenado para riego, porque en el mismo jardín la empresa tenía algún pozo desde la cual extrae agua de riego. Y mirando con precisión se podría decir que lo que dejaríamos filtrar desde los canales al subsuelo, aportaría a lo que llegaría a los pozos, así que se creaba un ciclo de agua, pasando lo por un ecosistema natural, en lugar de por un depósito artificial.
Propusimos esto a los técnicos municipales y ellos lo avalaron, por lo cual el proyecto se ha ejecutado recurriendo a esta solución natural.