
Después de décadas de prosperidad creciente, nuestro oficio afronta retos nuevos. Ecología, demografía y una economía globalizada exigen actitudes diferentes para la futura arquitectura.
Tenemos que ser sinceramente sostenibles y eficientes, porque los recursos de la tierra son escasos. Hay que desarrollar tecnologías nuevas, la industrialización, invertir en I+D, para poder mejorar las calidades técnicas y las prestaciones de nuestros edificios y para disminuir su huella ecológica.
Como empresa tendremos que actuar a la escala internacional, porque otros países se pueden beneficiar de nuestra experiencia y porque estamos preparados para hacerlo: los socios del despacho son de nacionalidades diferentes y varios de ellos han trabajado en el extranjero.
Tendremos que trabajar en equipos multidisciplinares, desde el principio de cada proyecto. Una integración sólida de los diferentes participantes, cada uno con sus propias ideas y visiones, es la mejor manera para llegar a soluciones integrales coherentes.
Por eso da igual si construimos teatros (con un tiempo de reverberación de 1.1 segundos, H. Arau), o si pensamos sobre el desarrollo urbano sostenible en Uruguay (con Jo Coenen y Spora) o si hacemos prototipos de placas alveolares (con suelo radiante integrado, junto con Pujol, PGI & BOMA); nosotros, arquitectos, tendremos que buscar esta integración maravillosa de tecnología, sostenibilidad y belleza.