Al construir en un suburbio de Badalona, en manzanas entre calles de poca anchura y recientemente urbanizadas, al lado a inmensas cajas cerradas de almacenes comerciales que sólo admiten la circulación rodada en su entorno, apostamos, por una arquitectura amable que favoreciera los valores sociales y de respeto al medio ambiente.
Dirigimos los esfuerzos a la creación de un gran patio interior de manzana, en el que se diesen las circunstancias de confort y relación, paliando el deshumanizado paisaje exterior. El tratamiento de este espacio como jardín de la comunidad de las 112 viviendas, abierto a la única plaza del entorno inmediato, en contraste con la arquitectura hermética de los otros chaflanes, se basa en la valoración de la topografía y en el tratamiento de sus cuatro fachadas como filtro entre el público y el privado, el exterior y el interior.
El resultado es un lenguaje amable, táctil, cromáticamente vivo y con suficiente fuerza para admitir elementos superpuestos inevitables de la vida cotidiana.
La unidad entre elementos de protección solar, de intimidad o de seguridad, se resolvió con la utilización mixta de madera y aluminio, en barandillas y persianas correderas, respectivamente. Las persianas de aluminio sirvieron, con el buen acabado de sus guías, para definir las obligatorias juntas, entre pisos, del monocapa, dándole calidad a este sencillo material.