El proyecto del nuevo edificio de la Corona de Aragón tiene su origen en el deseo de mejorar el funcionamiento de la Institución, liberando el antiguo Palacio de los Virreyes de las múltiples intervenciones que atentaban contra su integridad y impedían el correcto funcionamiento del archivo, a su vez, en la voluntad del Ministerio de colaborar con el Municipio en la recalificación de la nueva área de Centralidad de las Glorias donde se proyectaba una zona de equipamientos culturales (teatro Nacional y Auditorio).
En el caso del Archivo de la Corona de Aragón situar el edificio en el cruce de tres travesías básicas (Puente de Marina, Avenida Meridiana, Calle Almogàvers) es una fuerte decisión de planteamiento que en el nivel arquitectónico intenta aprovechar las múltiples sugerencias morfológicas, volumétricas, topográficas, que derivan del lugar.
Además de la función de archivo, el edificio es el elemento mediador entre el nivel de las calles donde se sitúa el acceso y la cota interior, bajo el puente del Parque, donde se propone, también el acceso de los peatones a la estación del Metro.
La forma del edificio deriva, tanto de su compleja función urbana como de la diferenciación funcional entre el bloque de custodia de los documentos y el bloque de atención a los investigadores y servicio de restauración. El primero, que volumétricamente responde a una agregación de células dimensionadas en base a la seguridad de los documentos, tiene unos paramentos ciegos de paneles "sandwich" de aluminio. El segundo hace frente a las necesidades de iluminación de los lugares de trabajo y de las zonas de circulación, combinando la ritmada posición de las ventanas con paneles de G.R.C.
El uso de estos materiales y el diseño intencionado de la cubierta, visible desde todos los edificios colindantes creando una imagen nueva, de objeto autónomo, que asume su función de bisagra e hito urbano.